martes, 26 de agosto de 2014

0 Start me up

En los últimos tiempos, la palabra emprendedor ha alcanzado unas cotas de fama impensables hace relativamente poco. La crisis económica-laboral-institutcional en la que aún se encuentra España ha provocado que a muchos se les llene la boca de posbiles soluciones a nuestros problemas. Y, como casi siempre, pretendemos que dichas soluciones sean efectivas pero sobre todo, rápidas. Aquí y ahora; le pedimos a papá Estado que haga algo para que todos tengamos trabajo otra vez y podamos volver a comprar coches nuevos y construir aeropuertos sin aviones. No, ese no debería ser el espíritu, y que esto no suene a disculpa para aquellos en el poder, los de ahora y los de antes, que han hecho mucho para llegar donde estamos y muy poco para salir de ahí. Por sentar una base, diremos que se denomina emprendedor a aquel que, a través de una iniciativa personal, crea un nuevo producto o servicio, organizando, gestionando y (importante) asumiendo los riesgos asociados a tal proceso. Una variante bastante interesante recibe en inglés el nombre de "intrapreneur", algo así como emprendedor interno; se refiere a iniciativas de innovación creadas dentro de una empresa (generalmente grande), en las que obviamente el riesgo corre a cargo de la compañía y da al personal involucrado una cierta seguridad, un red de seguridad sobre la que caer en caso de fracaso. Esto ayudado a que Google, partiendo de ser un mero buscador y "colocador" de anuncios online haya derivado en la gran plataforma de servicios que es hoy; Gmail y Google News, por citar dos, fueron proyectos ideados y creados internamente por empleados en el 20% de jornada laboral que pueden dedicar a proyectos personales... y ahí está el resultado. Pero quiero centrarme en el concepto puro de emprendedor, en su vertiente quizá más conocida; la ligada al mundo de la tecnología. Hoy en día nos vienen a la mente nombres como Facebook, Twitter o el propio Google; anteriormente fueron Microsoft, Apple, HP o IBM. Y no sólo de software vive el hombre; recientemente, diversas startups están tratando un tema hasta ahira tabú: la comida. Sí, tecnología aplicada a la producción de comida, hablaré de ello algún día (para los curiosos: Soylent es el nombre a seguir). Y, llegaos a este punto, ya ha aparecido el término startup, íntimamente relacionado con el concepto de emprendedor y alrededor del cual existe un cierto bombo publicitario. Se tiende a considerar startup sea tal, ha de darse el hecho de que el producto o servicio sea nuevo, innovador. Un nuevo restaurante o lavandería no será considerado una startup, a no ser que implemente un proceso totalmente disruptivo que cambie radicalmente la experiencia del consumidor con respecto a otros negocios del mismo sector. La startp que todos tenemos en mente es el garage de Hewlett y Packard en Palo Alto, o el de Steve Jobs y Wozniack en Los altos, a pocos kilómetros del anterior. Y sí, eso ocurrió; y de hecho, sigue ocurriendo, si bien los garages no son realmente necesarios hoy que (casi) todo puede hacerse vía internet. En mi caso partiular, he pasado ocho años en el mundo corporativo, en una empresa que en su momento fue una startup pero que se convirtió en una multinacional. Y ahora, una vez que la supuesta seguridad de esta empresa grande ha desaparecido, me veo en medio del mundo de la startup, el sueño americano versión siglo 21. A través de este blog iré contando lo que me depara este viaje, desmontando mitos y confirmando realidades. En breve, más historias, desde Estados Unidos para el mundo.

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